Crítica de la película 'Roma', la coproducción mexicano-estadounidense que (¿injustamente?) arrasó en 2018.
Os presentamos la película de Netflix más aburridamente genial.
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| Fuente imagen: Cultura Genial |
Y sin embargo, es un plomo. Un
plomo de un calibre digno de Pablo Escobar.
El film peca de recrearse en
exceso en su belleza estética, y en la hermosura de su atmósfera familiar,
cayendo en una amarga egolatría con gran potencial somnífero. Como una persona
que, consciente de su atractivo, se dedica todo el día a mirarse en el espejo.
A apreciar su belleza. A no moverse ni avanzar. A dormir al pobre espectador,
que se rinde sobre la butaca a un sueño profundo y apacible.
La pregunta es, entonces, ¿sigue siendo Roma una gran película a pesar de esto? ¿Puede permitirse una obra maestra ser tan aburrida como la vida sexual de un paleontólogo?
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| ¡Oye! ¡¿Cómo que la vida sexual un paleontólogo?! (Imagen: Pinterest) |
Por un lado, podríamos decir que
si el film es tan bello estéticamente como dicen, uno debería tener
entretenimiento suficiente con apreciar esa belleza, y no tendría tiempo de
aburrirse. Se podría argumentar que, si fuese lo suficientemente hermosa, Roma
no tendría por qué hacerse pesada.
Por otro lado, en estos tiempos
nuestros, donde se vive a ritmo de centrifugado, todos girando como locos en la
lavadora de las prisas y el estrés, quizás somos los espectadores los que no
estamos acostumbrados a apreciar la belleza con la paciencia y el tiempo que
requiere. Quizás Roma no es demasiado lenta, sino que es el resto del mundo quien
va demasiado rápido.
En cualquiera de los dos casos,
la verdad es que Roma es un film difícil de disfrutar. En cuanto a mi
experiencia personal, a menudo tuve la sensación de que no estaba viendo una película,
sino una exposición fotográfica. Una serie de imágenes estáticas pero hermosas
que veía pasar, una detrás de otra, en un vals a ritmo de canción de cuna.
Planos aislados que no conseguían ponerse de acuerdo para formar una película.
Y por otro lado, y a pesar de
todo, Roma consiguió arrancarme alguna
emoción. El pequeño avión que se refleja
en el agua en la primera escena, el hombre que canta durante el incendio, la
escena final en la playa. Son algunos de los momentos interesantes de la
película, pero están inconexos entre sí y no consiguen hacer avanzar la
historia. El espectador de Roma se siente confundido, pues no entiende hacia
dónde le pretende llevar el argumento. Y si uno no sabe hacia dónde va la trama
es porque, simplemente, la trama no tiene hacia dónde ir. Como un vagabundo en
un autobús.


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